jueves, 28 de agosto de 2008

Creación del proyecto

Para pensar simplemente en realizar un proyecto televisivo, es necesario contemplar algunos aspectos básicos.
  1. Debemos tener bien clara la idea de lo que queremos hacer; tener y desarrollar el concepto.
  2. Saber quiénes serán los personajes (conductores, actores, personajes de ficción, invitados, entre otros) y a cada uno realizarle su pérfil.
  3. Tenemos que realizar la redacción de la historia, a manera de novela, describiendo cada detalle.
  4. Elaborar un gráfico de la historia (Estructura drámatica) detectando en el mismo los puntos de ataque.
  5. Realizar la preproducción, imaginar todo lo que sería o será necesario para realizar el proyecto (scouting, casting, presupuestos, guión, revisiones, etc.)
  6. Una vez que ya se tenga todo el trabajo de preproducción, será necesario iniciar la producción, tomando en cuenta el trabajo previo.
  7. Cuando se haya terminado de grabar, el material deberá ser calificado para así iniciar con la fase de edición y postproducción.

martes, 26 de agosto de 2008

Televisión Educativa o Televisión para Aprender (Tercera parte)

Por Adriana Chávez (Revista: Razón y Palabra, Número 36)
El UTEC conjuntamente con la SEP, generan diversos programas culturales para fomentar el interés por nuestro país, la memoria histórica o la identidad nacional con series como "Los grandes maestros del arte popular", "México plural", "Los libros tienen la palabra", "Los maestros", "Los que hicieron nuestro cine", etc. Otras experiencias son: Teleprimaria, telenovelas educativas, el INEA, La capacitación agropecuaria e industrial, campañas sanitarias, educación sexual. (CONSET: 1985, p.15).

La Secretaría de Educación Pública a través de diferentes instancias, ha estado presente durante casi cinco décadas en la televisión con fines educativos. Actualmente la Dirección General de Televisión Educativa es la encargada de generar dichos trabajos.

La televisión a distancia, Red EdusatLa Dirección General de Televisión Educativa, dependencia de la SEP, es el organismo más importante en cuanto a televisión educativa se refiere, y tiene a su cargo el sistema EDUSAT, el más importante en su naturaleza en Latinoamérica.

EDUSAT pretende lograr un esquema de equidad en materia educativa como difusor del conocimiento a partir de medios electrónicos y con esto contribuir al abatimiento del rezago educativo en México. Este sistema cuenta con 30 mil puntos receptores en casi todo el Continente Americano. Con nueve canales de programación propia y tres de retransmisión y cuatro de radio.

De los nueve canales con programación propia, la Dirección General de Televisión Educativa (DGTVE) administra el canal 11, 12, 14 y 17, mientras que el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa (ILCE) se encarga de los canales 13, 15, 16 y 18, y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes el Canal 23.

  • Las tareas de EDUSAT son:
    La operación de la Red Edusat, que abarca los ámbitos de programación y transmisión de programas educativos, para la televisión y radio, así como la operación y el mantenimiento preventivo y correctivo de Red Edusat.

  • Operación de la Red Edusat, que abarca los ámbitos de programación y transmisión de programas educativos, para televisión y radio, así como la operación y el mantenimiento preventivo y correctivo de la Red Edusat.

  • Producción audiovisual, entendida como la concepción y la realización de series y programas educativos, acordes a las necesidades de diferentes públicos.

  • Servicio Nacional de Imagen Educativa, que comprende conservación y sistematización de acervos.

  • Formación, capacitación y actualización para profesionales vinculados con los medios audiovisuales educativos.

  • Investigación, desarrollo audiovisual y evaluación.(DGTVE:1999)

  • Red satelital de televisión educativa EDUSAT también se transmite en televisión abierta, en los canales 11 y 22. La televisión gubernamental con fines educativos ha generado la mayor parte de los programas de este corte a lo largo de la historia de la televisión, y ha tenido presencia en la televisión privada gracias a los tiempos que la ley le otorga y a los canales estatales como el ya desaparecido canal 13 IMEVISION, o el Canal 11 y Canal 22.

La televisión educativa en el sector privado.

La televisión educativa del sector privado "se introdujo al campo instruccional por primera vez en el año de 1975, con la transmisión de la telenovela "ven con migo", que dio la pauta para la producción de "Acompañame" y "Vamos juntos" en los años de 1977 y 1979". Esta última recupera los valores de las dos producciones anteriores e incorpora otros como la integración familiar, o los factores intelectuales por lo que se le consideró en su momento como innovadora.

En 1976 Televisa y la Universidad Nacional Autónoma de México inician un convenio de colaboración que permite a la televisora consolidar su participación en el campo educativo. "Introducción a la Universidad" fue el primero de los programas realizados a partir de este convenio, otro ejemplo sería el programa "Divulgación Universitaria" que se transmitió a partir de 1977 con el propósito de sustituir las cátedras universitarias suspendidas por una huelga de trabajadores de la UNAM y en el cual participaron 353 maestros universitarios. (CONSET: 1985, p.23)

Los programas con fines educativos continuaron gracias al trabajo conjunto con otras organizaciones como el Centro de Información de Datos Educativos, Fundación Televisa, el Instituto Mexicano de Estudios de la Comunicación y el Centro de Investigaciones de Televisa, además de los acuerdos de colaboración con The Children´s Television Workshop, Fundación Ford y Coca cola Corporation con quienes hizo posible una de las más importantes experiencias educativas de los años setenta: el programa Plaza Sésamo. (CONSET: 1985, p.22)

En 1967 The children´s Television Workshop inició sus actividades en Estados Unidos como un proyecto de investigación que se convirtió, con el paso del tiempo, en una de las mayores productoras de programas de televisión educativa, gracias a su principal producto, Plaza Sésamo. (DGTVE:1999)

Desde sus orígenes Plaza Sésamo se dirigió fundamentalmente a los niños en edad preescolar de la población marginada norteamericana, con el propósito de mejorar su rendimiento escolar, y una vez probado su éxito, la serie se distribuyó por todo el mundo, especialmente entre los países del Tercer Mundo. La primera versión de Plaza Sésamo para Latinoamérica se produjo en México con el financiamiento de la Fundación Ford y la empresa trasnacional Xerox bajo la responsabilidad de The Children´s Televisión Workshop en el año de 1982 (CONSET: 1985, p.25)

La participación conjunta de Televisa con las mencionadas organizaciones permite que dicha televisora reestructure su programación con el fin de mejorar sus contenidos y con las técnicas y experiencias utilizadas en Plaza Sésamo, crea otros programas del mismo corte como "El tesoro del saber".

En la actualidad la televisión comercial tiene poco cuidado de crear programas expresamente para difundir o promover valores, y se van más por el lado del entretenimiento o en el peor de los casos son programas importados de los Estados Unidos. De aquí que la pregunta sea ¿Es posible la educación por televisión?

La educación como un constructo social
La televisión educativa "hace referencia a toda emisión de programas por televisión dirigidos específicamente a potenciar la información, con objeto de mejorar el estándar cultural de la población, y optimizar los niveles educativos de determinados colectivos (escolares, o profesionales). Su eje sustancial es la referencia educativa." (Sánchez, 1995: p.40)

De acuerdo con la definición anterior la televisión educativa está encaminada a potenciar información, mejorar el estándar cultural, y optimizar los niveles bajo la referencia educativa. Sin embargo, parece aventurado pensar que estos fines sean en el sentido estricto, educación, pues el término de referencia educativa parece ambiguo. Para definir la televisión educativa es necesario puntualizar lo que se entiende por educación, pues de no hacerlo se corre el riesgo de caer en un paneducacionismo que afirme que todo acontecimiento, vivencia y experiencia educan y en este sentido si todo educa entonces el objeto de estudio de la educación será todo.

El problema epistemológico planteado en el párrafo anterior encuentra una respuesta en la Teoría de sistemas y más puntualmente en el trabajo del teórico de la comunicación Manuel Martín Serrano1.

Al establecer los diferentes estados posibles que puede adoptar un sistema se puede llagar al conocimiento de los componentes implicados de forma obligatoria u optativa en el mismo, además de distinguir sus diferencias estructurales y funcionales, en dependencias solidarias, causales o específicas que las relacionan.

Para explicar estas relaciones de manera más clara, es útil el modelo de la cebolla en tanto que nos permite ubicar cuáles son los diferentes sistemas y como pueden ser abordados. Esta forma de explicar la realidad parte de un sistema histórico, Referencial, Social, Comunicativo y cognitivo.

Si bien es cierto que en el caso de la educación la polisemia del término hacer pensar que todo educa, también es cierto que el término de televisión educativa se usa indiscriminadamente para mencionar cualquier mensaje capaz de exaltar valores o virtudes humanas, de aquí la necesidad de recurrir a este modelo, pues la educación puede permear a los diferentes sistemas pero sólo se puede ubicar en uno de ellos.

Los sistemas y subsistemas que contempla este modelo son abiertos y por ello son multiafectados, pero la enculturización de la que se habló con anterioridad se ubica en el sistema referencial. La educación es un constructo social pues es parte del sistema social y su práctica depende de una institución que asigna recursos económicos y humanos con un fin determinado. La socialización se ubica en el sistema comunicativo y por último el aprendizaje es parte del sistema cognitivo.

Con la reflexión anterior es posible distinguir dos tipos de televisión: Por un lado aquella que forma parte de un programa educativo avalado por alguna instancia social (relación educación- sistema social), y por otro lado aquella capaz de promover algún tipo de habilidad de manera aislada al sistema educativo nacional o fomenta valores y principios (relación aprendizaje - sistema cognitivo).

En ambos casos puede darse un proceso de enculturización, sin embargo, en el primero será la sociedad la encargada de evaluar y legitimar esos conocimientos adquiridos, mientras que en el segundo caso los conocimientos se dejan al arbitrio de quién los consume y pueden ser aplicados o no durante su vida.

Televisión Educativa yTelevisión para el Aprendizaje: Una Propuesta para Distinguir a la Televisión con Fines EducativosAl referirse a la educación, Pitágoras señalaba que educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida. Algo parecido deben pensar aquellas instituciones u organizaciones que se han dado a la tarea fomentar contenidos educativos y reconocen en la tecnología un medio adecuado para ello.

Sin embargo, es pertinente situar a la educación como objeto de estudio definido pues, como se dijo anteriormente, de no hacerlo se cae en el error de pensar que todo es educación y en estos términos, cualquier producto televisivo se puede promover como educativo.

Como se mencionó con anterioridad, el presente trabajo pretende hacer una distinción clara de lo que es la televisión educativa y de aquello que no lo es, para que en esa medida no se espere más de productos comunicativos que no son propiamente educativos, y no se deje en menos a aquellos que apoyan la educación.

Además nos permitirá ubicar en su justo medio el papel de la televisión sin llegar al extremo de concebir el medio como lo hace Javier Esteinou quien ve a la televisión mexicana como "Un cerebro colectivo divorciado de las necesidades del cuerpo social, que nos orienta a pensar en el triple eje cultural del consumo, los aportes y las ideologías del espectáculo y sólo ocasionalmente nos conduce a reflexionar y sentir los problemas centrales de nuestra sociedad". (Trejo, 2003)

Televisión para el aprendizaje
El aprendizaje en una capacidad biológica de los seres vivos que puede ser distinta en cada individuo y depende de la acomodación que se haga de la información nueva en la estructura cognitiva ya sea de manera memorística o significativa. De tal suerte que es posible aprender de cualquier experiencia de vida, y de aquellas que apelan a nuestros sentidos a partir de los medios de comunicación.

Una televisión para el aprendizaje deberá tener presentes los valores y principios que sustentan su cultura y ayudar a promover actitudes y habilidades, aunque estas no sean avaladas por el sistema social.

Televisión educativaSin negar la influencia que ejerce la televisión (como medio de comunicación de masas) en el aprendizaje, los efectos que se producen no son necesariamente educativos, pues para ello, son indispensables algunos elementos cardinales. Es decir, siguiendo la explicación de Ochoa (2003, p.3), la televisión educativa debe diseñar programas con una intencionalidad clara y expresa; los planteamientos técnicos deben aparecer supeditados a los didácticos, de ahí que los contenidos y las audiencias aparecen delimitados.

En el caso de la televisión educativa se utilizan medios y materiales complementarios, donde todos los elementos (códigos audiovisuales) se ponen al servicio de la educación-enseñanza-formación. El precio o la rentabilidad han de medirse con parámetros diferentes a los que se utilicen en la televisión comercial. Y los criterios de calidad han de privar sobre criterios de la audiencia.

La Televisión Educativa persigue objetivos muy definidos en el campo educativo, que contribuyen de manera eficaz en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Su interés e intención es básicamente el de educar en un sentido amplio, ofreciendo a través de la televisión una serie de contenidos inmersos en cada uno de los niveles educativos, incorporando además conocimientos, valores y habilidades. (Abrego, 2000 p.10).

Para la propuesta del presente texto, la definición anterior es útil para identificar lo que es la televisión educativa, pero quizás faltará agregar en esta cita que la existencia de un currículum que sustente los contenidos y la validación social en este proceso de enseñanza- aprendizaje es lo que le da el carácter de educativo a la televisión.

Al cuestionamiento sobre si ¿es posible la educación a través de un medio como la televisión?, Se puede afirmar que sí es posible, y hacerlo traerá consigo innumerables ventajas sobre todo para los sectores más marginados.

Sin embargo, hay quienes consideran que la educación sólo es posible en la escuela tradicional, en la cual se imparte el discurso verbal hegemónicamente sobre cualquier otro instrumento de lenguaje, y la riqueza de la labor docente estriba en mirar a sus alumnos, percibir y reconocer a quiénes se está educando.

Quizás las bondades de la educación presencial no sean sustituidas jamás por ningún medio, pero hay que reconocer el enorme impacto de los medios tecnológicos en la educación, no se trata de cambiar ante la necesidad de la eficientización de los tiempos, sino tomar en cuenta que la labor educativa puede llegar a más gente y de distintas formas a partir del lenguaje verbo audiovisual.
Es labor de quién participa en esta tarea tener en cuenta que la educación no es el medio sino el fin, y que un programa que promueva la educación o el aprendizaje, deberá reflexionar sobre las necesidades educativas con un fin social.

La labor de educar o promover el aprendizaje a partir de los medios es un reto constante. En el primer caso, la televisión educativa debe tener presente que es sólo una parte de un programa educativo más amplio, que responde a un currículum y esta validado socialmente. Mientras que en el caso de aquellos programas que apelan al aprendizaje, se deben tomar en cuenta infinidad de factores tales como: la edad del público al que van dirigidos, las habilidades, conocimientos y destrezas propias de esta edad, su nacionalidad, su cultura y su contexto o realidad inmediata, y con todos estos factores proponer programas que diviertan, propicien el aprendizaje y sean de calidad.

En ambos casos, se deben ofrecer los elementos necesarios para adoptar una postura ante la vida, de tal modo que quien sea educado o aprenda a partir de los medios tenga la capacidad de seleccionar de toda la gama de posibilidades existentes, aquellas que lejos de situarlo en la dinámica del mundo actual le de la posibilidad de elevar su espíritu a partir de la reflexión y el conocimiento y ¿ por qué no? creer en las utopías.

4. RESUMEN
Existe un vínculo indisociable entre educación y comunicación, en donde esta última no es sólo el medio para transmitir señales, también implica la acción misma de poner en común. Tanto la educación como la comunicación han estado presentes a lo largo del desarrollo humano, sin embargo, de manera paradójica, no se ha ubicado claramente el objeto de estudio de ambas disciplinas y se cae en el error común de pensarlas insertas en todo.

La comunicación educativa revalora la relación entre comunicación y educación, e incorpora la tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje como el caso de la televisión.

La televisión educativa tiene sus orígenes antes del surgimiento de la televisión, y se caracteriza por perseguir fines de enseñanza formal y no formal, sin embargo, los diferentes tipos de contenidos hacen pensar en la necesidad de establecer qué es claramente la televisión educativa y que contenidos son educativos y cuales no.

La televisión educativa desde una visión sistémica y comunicativa es más un constructo social que cognitivo, es decir, le corresponde a la sociedad, a través de distintas instancias, validar y legitimar la educación que se imparte a través de este medio.

Si como dice Pitágoras educar es templar el alma para las dificultades de la vida, entonces seguramente se podrán encontrar ejemplos afortunados al respecto en la televisión educativa tanto gubernamental como privada. Sin embargo, queda a discusión el término, pues en alguna manera los programas de corte educativo que no cuenten con una certificación o validación institucional también generan aprendizaje.
Para resolver esta distinción entre un tipo de televisión formal que se sujeta a un plan educativo y se legitime socialmente, de aquel otro que, si bien genera aprendizaje, no es reconocido socialmente, el presente texto ubica por un lado a la Televisión Educativa y por el otro a una Televisión para el Aprendizaje, que puede estar sujeto a un plan pedagógico y transmitir valores, conocimientos y habilidades, pero no estar reconocido socialmente.

Una vez hecha esta distinción, la encrucijada no se centra ya en el término de lo que es Televisión Educativa y lo que no lo es, queda ahora abierta la reflexión para clarificar si la Televisión como medio de difusión, posibilita la educación aún sin la riqueza comunicativa que supone la educación presencial tradicional.La televisión es un medio de comunicación y lo educativo lo determinan los fines que persigue.
La apuesta sería una Televisión que ofrezca una amplia gama de posibilidades encaminadas a elevar el espíritu, y que sea igualmente significativa para aquél que recibe certificación o reconocimiento oficial por este tipo de aprendizaje, como para quién sólo aprende de los contenidos. Es posible educar a partir de los medios de comunicación, pero también es posible aprender.

Televisión educativa o Televisión para aprender (Segunda parte)

Por Adriana Chávez (Revista: Razón y Palabra, Número 36)
Las imágenes en movimiento del cinematógrafo, casi a la par del surgimiento de la comunicación educativa, inician sus primeras proyecciones con fines educativos en 1922 a través de los talleres cinematográficos de la SEP.

Con el propósito de fomentar el uso del cine como medio educativo se forma en 1933 la Sociedad Pro-Cine Educativo, y en la misma fecha la SEP produce su primera película: Pescadores, mejor conocida como Redes.

El cine como medio de difusión educativa cede paulatinamente el paso a la transmisión sincrónica de sonidos e imágenes de recepción simultánea que ofrece la televisión. En México las transmisiones experimentales de González Camarena inician en 1946 por XHIGC. A partir de entonces el binomio televisión y educación inician el recorrido de las distintas experiencias que configuran la televisión educativa hasta nuestros días.

La primera demostración de televisión en blanco y negro con fines educativos se da a propósito de la VII Asamblea de Cirujanos, en el quirófano principal del hospital Juárez en 1948, y dos años después dan inicio de manera formal las primeras transmisiones de carácter comercial a través de XHTV, canal 4 de Televisión de México, S.A. propiedad de Rómulo O´Farril. Desde entonces la televisión se bifurca en dos sentidos: televisión pública o gubernamental y televisión privada.

Puesto que persiguen fines diferentes la televisión pública genera un tipo de mensajes encaminados a apoyar las distintas funciones del estado, en tanto que la televisión privada se dirige primordialmente a promover a sus anunciantes y ofrecer entretenimiento de manera masiva.

La experiencia muestra que la relación entre gobierno y medios de comunicación privados genera un tipo de ideología conveniente para la clase hegemónica que ayuda a mantener el estado de las cosas (status quo), mientras las voces disidentes y miradas subversivas en contra del sistema, han tenido que ver pasar varias décadas antes de encontrar una leve luz de esperanza en los medios de comunicación, pues las más de las veces la apertura de la información es sólo el espejismo de las válvulas de escape institucional.

A propósito de lo anterior la a Ley Federal de Radio y Televisión (1960) , contempla que:
La televisión constituye una actividad de interés público que compete al Estado proteger y vigilar, su función social es: Contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y al mejoramiento de las formas de convivencia humanaAfirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares.Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud.Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, a las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nación mexicana. Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional y la amistad y cooperación internacionales.

Si bien la función social de la televisión es, a grandes rasgos, la de cultivar valores y promover la cultura, no tiene por obligación educar a sus televidentes, pero hay quienes como Mario Kaplún sugieren que "todo programa educa, sólo que -lo mismo que la escuela, lo mismo que el hogar- puede educar bien o mal" (Kaplún citado por Abrego, 2000).

Es claro que la televisión promueve en el espectador una serie de valores, y representaciones, sin embargo, no se le puede ver todavía como un proceso de educación sino de enculturización, es decir, el proceso en el que un individuo o grupo ponen en relación los sucesos, los fines y las creencias que los grupos sociales quieren preservar y estos los interiorizan y los hacen suyos. (Torres: 1999, p. 3)

El papel del sector público en la educaciónEl gobierno federal, a través de diferentes instancias, ha sido el principal promotor de la educación con apoyo de tecnología. Aún antes de la llegada de la televisión, la Secretaría de Educación Pública ya trabajaba al respecto. Por tanto no es raro que sea el gobierno quién cuente con mayor experiencia en el uso educacional de la televisión.

Sus actividades en este rubro se han orientado primordialmente a "apoyar sus programas de educación formal escolarizada o a brindar sustitutos de ésta", sin embargo, "las más de las veces, el uso de los medios se ha hecho sin una clara conciencia pedagógica de su utilidad, guiados por el mero deslumbramiento tecnológico de los medios de comunicación y forzado por la elevada demanda educacional" (CONSET: 1985, p.11)

A finales de los años 70 la televisión educativa de producción estatal adquiere mayor fuerza y a la sombra de distintos organismos públicos como la Unidad de Telesecundaria, la Unidad de Televisión Educativa y Cultural, Canal 11, el Instituto Nacional para la Educación de Adultos, Televisión de la República Mexicana y Canal 22, apoyan la educación de manera formal e informal.

La experiencia más importante al respecto fue en aquel entonces Telesecundaria, dirigida a sectores marginados de la población y con base en el plan de estudios de la SEP para el nivel secundaria. La Unidad de Telesecundaria es responsable de la planificación y elaboración del diseño y la evaluación de los programas, y la UTEC encargada de la realización técnica y transmisión de señales.

Televisión Educativa o Televisión para Aprender (Primera parte)

Por Adriana Chávez (Revista: Razón y Palabra, Número 36)

Introducción
A propósito de la gran variedad de programas de corte educativo que se han difundido por televisión desde los inicios de este medio, y con mayor fuerza a partir de los años setenta, cabe hacer un alto para reflexionar sobre lo que implica entender a la televisión en esos términos.

El presente texto recupera información relevante sobre la historia de la televisión educativa y con ello se intenta vislumbra una definición que permita distinguir entre lo que es realmente televisión educativa y aquello que no lo es.
A través de investigación bibliográfica y entrevistas a expertos, se obtuvieron diferentes definiciones del término que se articulan en el presente trabajo para dar una nueva aproximación a lo que se entiende por televisión educativa desde una mirada sistémica. Cabe aclarar que la distinción entre televisión educativa y televisión para el aprendizaje es sólo una propuesta, que independientemente de que sea aceptada o no por el lector, pretende dejar abierta la reflexión en torno al tema.
Palabras clave: Comunicación, Educación, Comunicación Educativa, Televisión educativa, Televisión pública, Televisión privada, Televisión a distancia, Educación como constructo social, Enculturización, Televisión para el aprendizaje.

Televisión Educativa O Televisión Para Aprender
El encuentro entre comunicación y educaciónSi bien la comunicación es un fenómeno que antecede al hombre, las prácticas comunicativas sólo se hicieron posibles gracias al paulatino desarrollo tecnológico y cultural, en tanto que los saberes comunicativos apenas alcanzan poco más de medio siglo. Las aportaciones teóricas en comunicación, hechas a lo largo de este tiempo generan una gran cantidad de definiciones de lo que es el término, sin embargo, una de las más recurrentes es aquella que regresa a sus orígenes etimológicos y se refiere al poner en común con el otro.

La educación por su parte, ha sido conceptuada infinidad de veces, desde los antiguos griegos hasta la actualidad, pero en general el discurso de la educación "se ha orientado siempre al desarrollo de las más altas virtudes humanas" (Byrd, 2000: 35). La relación entre comunicación y educación es una constante histórica en la cual, la primera es condición indispensable de la segunda, sin embargo, hasta principios del siglo XX no existía una vinculación directa.

Como objeto de estudio diferenciado, la comunicación educativa tiene sus orígenes en la década de los 20, a partir de que se le descubre y estudia por separado y se reconocen las posibilidades que ofrecen los instrumentos de comunicación masiva aplicados a la educación. Originalmente se le conocía como comunicación audiovisual o auxiliares de la enseñanza y no es hasta los años 70 cuando adopta el nombre de comunicación educativa. (Torres:1999, p.3)

En este nuevo paradigma que involucra a la educación con la tecnología, la educación se sirve de los medios de comunicación para incidir en un mayor número de personas, bajo condiciones espacio temporales accesibles y a partir de un lenguaje verbo audio visual. Los medios electrónicos no necesitan mayor instrucción para ser decodificados, de tal suerte que permiten difundir mensajes que de otro modo y por diversas cuestiones (geográficas, económicas o culturales) no hubiera sido posible.

Al respecto, Francisco Sierra afirma que "la Comunicación Educativa ha sido, el marco de trabajo académico que ha tratado la compleja integración entre información, tecnología, educación y cultura, a partir de las relaciones existentes en esta materia iniciada con los programas de educación "en" "sobre", "a través" y "con" los medios y modernas tecnologías electrónicas de comunicación por el sistema formal de enseñanza" (Sierra, 2003:).

Algo similar propone un grupo de investigadores en comunicación de la ENEP Acatlán cuando mencionan que la comunicación educativa es una área interdisciplinaria que produce expresiones para la enseñanza considerando las condiciones de recepción y producción como aspectos relevantes para las tres áreas que maneja la comunicación educativa: En el aula, por los medios y para los medios. López, T. C. (1995).

Es propósito de este texto hacer una reflexión sobre la educación que se apoya en medios de comunicación como la televisión educativa, pues el discurso y la acción con fines educativos son mucho más que el soporte que se utiliza. Para ello es menester revisar el contexto en el que se da la televisión educativa y revalorar el concepto de educación. Cabe entonces preguntarse ¿qué es la televisión educativa?

Televisión y educación: un binomio de posibilidades.A principios del siglo XX los avances tecnológicos se desarrollan de manera notable y como consecuencia las prácticas comunicativas se consolidan a partir de los medios de comunicación masiva existentes como la radio, la fotografía o el cine, siendo este último uno de los medios con mayores posibilidades en la educación.

jueves, 21 de febrero de 2008

Iluminación

La luz es un elemento indispensable al trabajar un proyecto audiovisual.
Muchos dicen que el iluminar para cine, foto, video y/o televisión es una técnica otros dicen que se trata de algo más sublime y que podríamos considerar como arte.
La moneda está en el aire y la discusión seguirá por mucho tiempo, mientras tanto nosotros continuaremos disfrutando de la gran labor de los directores de iluminación en las producciones audiovisuales y de foto fija.

Iluminación es la acción de controlar las luces y las sombras para mostrar la forma y la textura de un rostro o un objeto, sugerir un ambiente particular o, como sucede con la música, crear una atmósfera (1).

Es importante considerar y definir el objetivo que se busca al iluminar, de esa manera ahorraremos tiempo y seremos más eficaces.
Una vez identificado el objetivo, será necesario utilizar o trabajar con dos tipos de luces: direccional y difusa.

La luz direccional es generada por luces directas que iluminan áreas relativamente pequeñas, tiene un haz de luz muy marcado que produce sombras densas y bien definidas. En la naturaleza, el sol de un día claro y sin nubes actúa como un gigantesco spotlight que produce sombras densas y definidas, es decir, produce una luz direccional.
La luz difusa ilumina áreas relativamente grandes a través de un haz amplio y poco definido. Se produce por medio de las luces difusas o floodlights, las cuales generan sombras suaves y transparentes. En la naturaleza, el sol de un día con nubes actúa como una luz difusa ideal, ya que las nubes transforman los severos rayos del sol en luz altamente difusa, es decir, las nubes cumplen la función de filtros, gelatinas o albanenes.
(1) Definición tomada del texto titulado: Técnicas de Iluminación para la televisión, http://www.dexel.com/

viernes, 11 de enero de 2008

La construcción del personaje

El personaje de los manuales
Por: Frank Baiz Quevedo



Piedra fundamental del edificio dramático, el estudio del personaje encuentra lugar preponderante en todos los manuales de dramaturgia: no existe, prácticamente, narración sin personaje(1), razón por la cual, su inclusión en cualquier modelo de construcción dramática, se da por descontado. Hay sin embargo, algunos presupuestos, tácitamente aceptados por los escritores de manuales que ameritan una breve discusión:



· El término personaje abarca, generalmente, el ámbito particular del personaje naturalista, cuya manifestación más acabada la podemos encontrar en el moderno drama psicológico (paradigmáticamente, en dramaturgos como Ibsen). Este personaje, definido en el ámbito de la sociología, poseedor de una identidad psicológica y moral similar a la de los hombres, es un efecto de persona y como tal, es aproximado, para su construcción, con variables idénticamente "realistas". Cabe destacar que el personaje naturalista no agota en ningún modo el inventario de los grandes personajes dramáticos, ni del teatro ni del cine(2).

· Una segunda distinción, en general eludida en los manuales, prevé la diferenciación entre lo que Pavis denomina personaje leído y personaje visto, diferencia que remite, en su vertiente de escritura, a la existente entre el personaje creado para ser leído (personaje del guión) y el personaje encarnado por el actor e integrado al filme. El personaje inventado por el dramaturgo participa de algún modo de una doble realidad, compleja y, en cierto modo, inaprensible: es, inevitablemente, un efecto de texto, en el preciso sentido de Genette, y también, una invención sígnica que reproduce, en un grado imposible de identificar -a no ser a través de la subjetividad del escritor- el producto de una "puesta en escena imaginaria" que tiene lugar en la mente del dramaturgo(3). De estas dos vertientes, es solamente la textual la única susceptible de ser analizada con precisión para ser modificada posteriormente a partir de ese análisis. De una manera u otra, todo escritor construye su objeto en un va et vient del texto a su escena imaginaria.

· Toda discusión en relación al personaje, se sitúa, desde Aristóteles, dentro de un continuo en cuyos extremos el personaje, o es postulado como esencia que actúa (ser que hace), o es descrito como resultado de una acción (hacer que hace ser)(4) La conciliación de estos dos extremos, presente en las teoría del relato desde Propp y afirmada por analistas menos formales como Bentley(5), constituye, a nuestro entender, un enfoque de incuestionable poder a la hora de la construcción dramática.





La esencia del personaje



La discusión en torno a la primacía entre el personaje y la acción se concreta en los manuales del guión, en forma de predilección, ora esencialista, ora dinámica, en los autores estudiados. Lajos Egri introduce, en su excelente manual, una descripción que pretende ser exhaustiva. Para la elaboración de la estructura básica (bone structure) del personaje, Egri procede, en primer lugar, a la construcción de lo que denomina el diseño de sus tres dimensiones:



Dimensión física-fisiológica: sexo, edad, descripción física (peso, altura), apariencia, defectos deformidades, enfermedades); Dimensión social: clase social, ocupación, educación, religión, raza, nacionalidad, filiación política; Dimensión Psicológica: historia familiar, Vida sexual, autoestima, actitud frente a la vida, habilidades, cualidades, I. Q.



Bajo la visión de Egri, el escritor debe, en primer lugar, agotar una construcción del personaje que sea capaz de definir, orgánicamente, cada uno de los componentes de las dimensiones antes citadas. Lejos de constituir este recurso una técnica de acumulación de datos, el autor quiere motorizar una reflexión dinámica, que permita llevar a cabo dicha construcción. Sin embargo, el enfoque dialéctico de Egri no se agota en una tal enumeración. Egri pide que el personaje sea elaborado en relación dialéctica con su ambiente, que se trabajen sus vínculos y sus contradicciones internas y externas y -aspecto dinámico muy importante- que el personaje construido sea capaz de crecer, con fuerza de carácter en torno a la unidad de opuestos(6). La orquestación, por otra parte, asegura la diversidad de apariencias y actitudes de los personajes que intervienen en el universo dramático. Antoine Cucca afina tal diversidad hasta la conformación de grados de disimilitud (1°, diversidad física; 2°, de objetivos; 3°, de comportamiento; 4°, diferencias de comportamiento en un mismo personaje). Por último, Egri solicita del dramaturgo la construcción de la dialéctica interior del personaje, es decir, el universo de motivaciones y de causas y efectos que llevan al personaje a ser lo que es.



Este último aspecto, es desarrollado por diferentes autores en detalle. Para Eugene Vale se reduce a la determinación del motivo (razón por la cual el personaje quiere o necesita lograr el objetivo), la intención (situada a nivel volitivo) y el objetivo (meta a lograr u objeto a obtener por el personaje), mientras que Cucca, rozando quizás involuntariamente el aspecto de lo que podrían denominarse los niveles conscientes e inconscientes del personaje, diferencia entre las necesidades propiamente dichas del personaje y sus intenciones. Por su parte Syd Field engloba motivo, intención y objetivo en el concepto de necesidad dramática (dramatical need), concepto que parece emparentarse con el de superobjetivo de Kulechov.



Para dar cuenta de los aspectos relacionales del personaje también con mayor detalle, Cucca habla del comportamiento. Así, la caracterización del personaje requiere del conocimiento de su comportamiento ante las acciones de los demás personajes, ante los obstáculos y en relación con el lugar en que se desenvuelva. Para Field esto se resume en el problema del punto de vista del personaje (una escogencia de perspectiva, al decir de Pavis al referirse al conflicto principal).



Según Antoine Cucca la dramaturgia del cine europeo se caracteriza porque, en ella, la individuación de los personajes sirve de punto de partida para el desarrollo de las acciones. El cine de los Estados Unidos prefiere descubrir (¿aristotélicamente?) al personaje directamente por las acciones. Esta afirmación, quizás teñida de subjetividad, se constata sin embargo en los principales escritores norteamericanos de manuales (7). Field, el más importante de ellos, lo dice de un modo contundente: el personaje es lo que hace. Su interior es todo lo que suponemos le ha acontecido antes del tiempo presente narrado en el film y que conforma su carácter actual. (Es precisamente ese el sentido de la sucinta biografía que el autor recomienda construir para el personaje)(8). Su exterior es lo que cuenta en el presente diegético y se revela, casi exclusivamente, a través de la acción(9). Esta subordinación del ser del personaje a la acción dramática es patente en otro autor importante: Dwight Swain. Para el autor de Film Scriptwriting, cada uno de los factores constituyentes del personaje se construye alrededor de la acción: aspectos externos como la impresión dominante (overall impact) o las etiquetas de reconocimiento o tags (de apariencia, del habla, "manierismos") y aspectos internos, como el punto de vista, la actitud dominante, los intereses y lo que Swain denomina el potencial climático, cuya definición resalta el carácter dinámico de una capacidad del personaje:

Climax potential: "goal-motivated character's capacity for harboring two strong emotions at once. [...] [A character who has climax potential] though driven well nigh compulsively by desire, still can feel the pull of another, contradictory emotion. (10)



La biografía queda reducida en Swain a la mera recopilación de circunstancias del personaje que motivan o explican acciones que tienen lugar en la historia y el mismo Field, al postular los tres niveles de definición del personaje (profesional, personal e íntimo), no hace más que indagar en tres niveles posibles de las acciones. Este modo de proceder, aunque extremo, es, no obstante, cercano al razonamiento de un teórico de la profundidad de Howard Lawson, para quien, las características que definen a un personaje, deben surgir de un proceso dinámico de selección no narrativo, "buscando [no material psicológico e ilustrativo]... sino un sistema de acciones". Muy lejos, sin embargo de aquella petición, citada por el mismo Howard Lawson, que, en su libro The Inn of Tranquility, conmovía a Galsworthy:

El dramaturgo que subordina sus personajes a la trama, en vez de subordinar la trama a sus personajes, es culpable de un pecado mortal.

En síntesis, aunque el diseño del personaje toca ciertos aspectos que pueden considerarse como "esencialistas" y que lo deparan un "cuerpo", una "vida" y una "historia", hay un énfasis claro en los manuales de considerar como elemento fundamentales de construcción el hacer del personaje y de referir sus factores constituyentes a la dinámica de su transformación.



La modificación del personaje





There is one realm in which characters

defy natural laws and remain the same: the realm of bad writing.

Lajos Egri. The Art of Dramatic Writing



No es posible hablar del personaje sin convocar su requisito obligado: el de la modificación. Ya Aristóteles al hablar de la acción, sitúa en la peripecia, el reconocimiento y la pasión, tres instancias modificatorias del personaje. Aun cuando este aspecto de la modificación será desarrollado con mayor detalle más adelante, adelantaremos una breve discusión en relación con el uso que le dan los autores estudiados.



Para Lajos Egri, el llamado crecimiento del personaje constituye una condición indispensable del buen drama: ...characters move relentsly from one state of mind to another; they are forced to change, grow, develop...(11)



Ese crecimiento gradual, que evita las transiciones bruscas o injustificadas en el personaje, tiene su origen en el conflicto:

The contradictions within a man and the contradictions around him create a decision and a conflict. These in turn force him into a new decision and a new conflict (12)

Un ejemplo de esta gradación que lleva al personaje de un extremo al otro, y por ende, de un universo de acciones al universo opuesto, es el que proporciona Egri(13):

Amistad --> desencanto --> disgusto --> irritación --> rabia--> agresión--> amenaza -->... premeditación --> asesinato

Conviene señalar que las etiquetas del ejemplo describen indistintamente tipos de vinculación (amistad), emociones (rabia), sentimientos (disgusto, irritación) y acciones consumadas (agresión, amenaza, asesinato). Esta imprecisión podrá ser subsanada al recoger de Greimas la formulación de la acción en términos de relaciones sujeto-objeto, como haremos más adelante.



Los autores norteamericanos, aunque sin preocuparse del detalle, también hablan de la modificación del personaje como de un elemento de primera importancia. Swain la contempla como un aspecto central en el diseño del personaje, asociándola con la posesión de secretos (el personaje sería modificado, en ciertos casos, por el descubrimiento o la revelación de ese secreto). Tanto este autor, como James Boyle y Syd Field hablan del cambio confinándolo al reino de los personajes protagónicos. Los personajes secundarios, y sobre todo el antagonista, son personajes que no cambian, o cambian muy poco (14).



Cucca sitúa la modificación del personaje dentro de un ciclo apuntalado por los estados de la condición, aspiración y la realización del personaje. Nuevamente nos situamos bajo un punto de vista de la modificación del personaje que toma en cuenta su voluntad consciente como instrumento de modificación. Este sesgo, típico de una filmografía que prioriza la acción exterior y por ende, la relación consciente con el medio, es precisamente el compartido por los escritores norteamericanos. de manuales Curiosamente, es Lawson, un socialista (y norteamericano) quien lo expresa más explícitamente:



El significado de las situaciones se encuentra en el grado y clase de voluntad consciente ejercida, y en cómo ésta funciona; la crisis, la explosión dramática, se crea mediante una ruptura entre el objetivo y el resultado; en otras palabras, mediante un cambio de equilibrio entre la fuerza de la voluntad y la fuerza del cambio social. Una crisis es el punto en el cual el balance de fuerzas es tan tenso que a veces se quiebra, y causa así una nueva alineación de fuerzas, un nuevo esquema de relaciones.



Por último, cabe citar el inventario, parcialmente aristotélico, que lleva a cabo Chion, al enumerar los elementos que modifican al personaje o, con el nombre que lleva el capítulo, Qu'est ce qui fait courir les personnages (et marcher les spectateurs)? Estos elementos son: el terror, la conmiseración, el cambio de fortuna (la metabasis aristotélica), los ya mencionados reconocimiento y peripecia (o coup de thèâtre(15)), el malentendido o quiproquo, la deuda (de dinero, de un servicio recibido, de la vida), la condición social, los valores morales, las perturbaciones, las dificultades, la voluntad, la presencia de un antagonista o de un objeto de extremado valor como el llamado "Mac Guffin"(16). Toda esta agotadora enumeración tiene sin duda el valor de recoger procedimientos de reconocida universalidad, pero peca, en su particularismo, de mostrarnos un universo fracturado en el cual, la característica esencial del mecanismo de modificación del personaje, aparece diluida. Nos volveremos a preguntar acerca de ese mecanismo posteriormente.



Personajes y personas





Remarquemos, una vez más, que a través de la discusión precedente, nos hemos referido al personaje como a una instancia obligatoria de la invención dramática(17), que de alguna manera toma su fuente de inspiración en la persona humana. No obstante, este componente narrativo, este efecto de texto como ya lo hemos señalado, no debe confundirse nunca con un ser humano.



Hasta un pragmático como Swain no puede dejar de afirmar en su manual:

A film character is a simulation and simplification of a person. Though played by a living actor, he is not an actual human being(18).

Hay que subrayar que las investigaciones de los semiólogos han deslindado para el texto la total autonomía de sus actantes(19), incluso, en la instancia del narrador(20), circunstancia que eleva en el ámbito semiótico la imagen de cualquier ser humano apenas es objeto de un relato, o, para decirlo con la hermosura de las palabras de Gérard Genette:



...Paris et Balbec sont au même niveau, bien que l'un soi réel et l'autre fictif, et nous sommes tous le jours objects du récit, sinon héros de roman(21).

Esta previsión, si duda nada redundante, nos guardará, si no de cometer errores, por lo menos de caminar con el máximo cuidado a la hora de establecer algunos paralelos con objetos más terrenos y riesgosos como los de la lingüística y el psicoanálisis.



El uso de algunos modelos formalizados



En lo que sigue se intenta ampliar la reflexión acerca del personaje mediante la revisión de ciertas formalizaciones extraídas de la semiología y de la lingüística. Se espera que, lejos de obstaculizar el curso de la intuición en la tarea creadora, estas reflexiones puedan contribuir a enriquecer territorios sobre las cuales la inventiva, elevándose sobre la técnica, debe siempre desplazarse libremente, sabiendo aprovechar los aportes que una mesurada consideración teórica pueda proveer.





Personaje, objeto



El personaje es personaje porque es y porque hace, porque instaura su identidad sobre el universo que le diseñamos y se debate entre el deseo que le inventamos y la fatalidad que decidimos imponerle. El azar del personaje es la conveniencia de nuestro texto, y el mundo de casualidades en que éste se mueve, no es más que la manifestación superficial de una lucha entre dos fuerzas que tensan la estructura narrativa: una que se define a partir de las intenciones del personaje y otra que impone el desenlace previsto por el autor: el texto es arena para la Ley y el Deseo, digámoslo una vez más, pero para la Ley y el Deseo tal y como se enfrentan y transmutan en el imaginario del escritor.



Nos encontramos entonces con el hecho de que uno de los motores del relato se inscribe en el personaje: la historia es porque el protagonista quiere algo. Desea. O, dicho de otro modo, carece de algo. Ya Vladimir Propp, en su análisis del cuento maravilloso, señala esta importancia de la carencia:

La carencia (o privación) inicial es una situación que, imaginamos, data de muchos años cuando comienza la acción. Pero llega un día en que el mandante (o el buscador) se da cuenta de pronto que le falta algo, y este instante origina la motivación, ya sea para el envío de una expedición, ya sea para marcharse directamente a la búsqueda.

Este énfasis en la falta como constitutiva es, según creemos, vital en el diseño de un personaje con capacidad de actuar y nos ha llevado, en nuestra primera búsqueda de modelos extra-literarios, hasta Jacques Lacan. La vacuidad sustancial en la constitución del sujeto aparece, según Lacan, en la denominada fase del espejo. En palabras de Hornstein:

Para Lacan el yo se forja como una envoltura psíquica ortopédica desde la trama intersubjetiva y en función del desamparo infantil. Hay una coincidencia imposible entre el yo del enunciado y el sujeto del inconsciente. El yo se origina en una dialéctica de identificaciones narcisistas con imagos que generan una discordancia progresiva entre el yo y el sujeto: desde la fase del espejo el niño es capturado por una cadena causal de la que nunca será otra cosa que efecto.

Lacan explica la formación de la identidad sobre una primera carencia constitutiva: somos, porque alguna vez alguien deseo que fuéramos. Somos deseo del otro sobre un pre-sujeto que no es, y que construye su identidad en la complacencia de este deseo materno. Somos, pues, por haber sido objeto de un deseo exterior, signados por una primera carencia desde que nos constituimos en sujeto. Esta carencia motoriza y direcciona nuestros movimientos posteriores:



El deseo no es ni el apetito de la necesidad, ni la demanda de amor: a la realidad del deseo no se llega partiendo de la necesidad, sino que es el deseo del deseo, inscripto en el orden del significante. El placer está ligado a la búsqueda de un objeto que no cobra su valor sino de su diferencia con otro perdido.

Agrega Kizer:

A partir de la falta, de la castración, [la teoría lacaniana] nos enseña su función determinante en la organización y la repetición insistente de la cadena significante, lo cual ocurre en las estructuras míticas y utópicas. En ambas se parte de la falta, que tratan de obturar en el pasado (mito) y en el futuro (utopía)(22).

Las consideraciones anteriores nos llevan a nuestra primera formulación con relación al diseño del personaje: más que un cúmulo de virtudes, más que un agregado de cualidades que visten una corporeidad imaginada, un personaje puede ser diseñado a partir de sus carencias constitutivas. No es que las cualidades, las características del personaje en el sentido ya estudiado, sean innecesarias: por el contrario, su diseño contribuye a la investidura temática del personaje, a su poder representativo en términos de los valores que circulan en el relato. Pero lo que confiere al personaje la posibilidad de actuar es precisamente lo que no tiene, la carencia de algún objeto perdido. A esta altura es pertinente incorporar una definición formalizada por Greimas y Courtés y que nos parece de definitiva relevancia: la definición de actante(23).



El actante puede concebirse como el que realiza o el que sufre el acto, independientemente de cualquier otra determinación. Así, citando a L. Tesnière de quien se toma este término, los actantes son los seres o las cosas que, por cualquier razón y de una manera u otra -incluso a título de simples figurantes y del modo más pasivo- participan en el proceso...

Cada personaje es susceptible de desempeñar un rol actancial, según realice o sufra determinados actos. Para hablar con rigor, hay que distinguir previamente entre dos tipos de enunciados que aparecen en el texto: en primer lugar, los enunciados de estado, los cuales "corresponden a la relación entre un sujeto y un objeto" (24) y las transformaciones o enunciados de hacer, que implican cambios entre enunciados de estado. Si bien el interés de Greimas se sitúa a nivel del análisis del enunciado, nivel en el cual se ejecuta la distinción entre, por ejemplo, una estado de conjunción y otro de disyunción, a nosotros nos interesa una interpretación de estos modelos actanciales más referida al significado (al efecto de realidad) que nosotros conferimos al personaje. No se tratará de considerar los enunciados que remiten a tal a cual estado, sino de interpretar las representaciones formales como estados mismos que adjudicamos a los personajes. Valgan algunos ejemplos:



El diseño del héroe de aventuras -en consecuencia con los estudios de Propp - supone el de un sujeto (digamos Indiana Jones) en disyunción de un objeto de valor (el Santo Grial). La historia transcurre para que se opere la transformación del estado disjunto al estado conjunto.

Toda historia de amor supone el diseño de personajes (por lo menos dos) para quienes el personaje amado (objeto de amor) invoca una obligante emergencia conjuntiva. De no alcanzarse la conjunción, sobreviene la tragedia (Romeo y Julieta, por ejemplo).



Volviendo al problema del diseño del personaje en términos de sus carencias, podríamos reformular las consideraciones previas señalando que inventar un personaje, y más generalmente, formular un actante, implica escoger un conjunto de objetos de valor en disyunción con el mismo, es decir, formularlo como un sujeto en carencia, signado por la falta que representa la no-conjunción con dichos objetos. Cada personaje es, en cierto sentido, como el sujeto tachado de Lacan, S, un sujeto definido por su falta. En términos de una metodología constructiva, podríamos comenzar diciendo que el primer paso en el diseño de un personaje consistirá en la determinación de sus faltas y, en particular, en la formulación del objeto de valor principal asociado al personaje. Esta formulación generará a su vez una construcción en dos sentidos: hacia el "pasado" del personaje, y por ende, a la construcción de su historia previa, en la búsqueda de las determinaciones "psicológicas" o "históricas" en general que han motivado dichas carencias (y que aflorarán, explicativa o temáticamente en el transcurso de la diégesis); y, principalmente, una construcción orientada hacia el futuro, que dará cuenta del itinerario de "alejamientos" y "acercamientos" entre sujeto y objeto y constituirá la acción dramática misma. Algunas las "leyes" (ver Capítulo: De Leyes y Caprichos) que afectan la construcción del personaje podrían comentarse a la luz de esta consideración:



· La autonomía del personaje está relacionada con la esfera de sus intereses propios, es decir, con sus carencias esenciales. El personaje será fiel a su búsqueda (con una fidelidad que le es específica) lo cual es también un modo de asegurar su consistencia.

· La fuerza de la voluntad de un personaje no es más que un síntoma de la profundidad o de la esencialidad de su falta. El empeño persecutorio de un policía no nos habla más que de su potencia reparadora. Idénticamente, la intensidad de una obsesión amorosa de la necesidad ser de amado, etc.

· En términos globales, la orquestación demandará una repartición de faltas entre los personajes, faltas que resultarán ser de naturaleza diferente e incluso contrastante (el que tiene dinero no tiene amor, el que tiene amor es impotente, la de gran corazón no es bella, etc.). De esta manera se asegura la circulación de una variedad de objetos de valor que serán intercambiados en el relato.



Estilo del personaje



Los modos de consecución de un objeto de valor constituyen un estilo del personaje y pudieran ser asimilados a los que en el Análisis Transaccional se denominan Guiones de vida, debidos a Eric Berne. Un guión de vida es para Berne, según cita G. Gutiérrez en un trabajo publicado por Roman J. M.:

... un programa en marcha, desarrollado en la primera infancia bajo la influencia parental que dirige la conducta del individuo en los aspectos más importantes de su vida.

James y Jongeward distinguen cuatro niveles en dichos guiones: guiones culturales, guiones sub-culturales, guiones familiares y guiones individuales. Cada una de estas instancias señala un modelo de conducta en una esfera específica del comportamiento humano, un papel que debe ser cumplido por el individuo y cuyo contenido básico puede ser encerrado en una etiqueta. Por ejemplo, el guión cultural de un expedicionario inglés a comienzos de siglo podría englobarse bajo el término de "civilizador(25)", posición que comporta un catálogo de actitudes más o menos previsibles. El guión sub-cultural se refiere al patrón de comportamientos y valores de porciones homogéneas que comparten una identificación en el seno de una cultura: West Side Story, el film de Robert Wise y Jerome Robbins, nos habla del choque entre dos guiones sub-culturales (jóvenes norteamericanos "puros" y puertorriqueños). El guión familiar define un cuerpo de comportamientos propio de un apellido, de una estirpe (El Honor de los Prizzi, de John Huston, o casi cualquier tragedia griega). Por último, el guión individual define una suerte de programación personal, según James y Jongeward, referida a las preguntas "¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son los otros?" (Para responderse, por ejemplo, como el detective Gites de Chinatown de Huston: "Soy un terco. Me encanta meter las narices donde no debo. Hay muchos que andan por ahí jugando sucio", o bien, como Mr. Cross, el magnate corrupto del mismo film: "Soy un triunfador. Soy dueño de lo que me rodea. Puedo hacer lo que quiera con todo el mundo").



Guiones culturales, guiones sub-culturales, guiones familiares y guiones individuales, constituyen pues, esquemas de conducta que una vez escogidos, sitúan al personaje en el universo de sus actitudes posibles y lo preparan para el desempeño de sus acciones dentro de una modo particular de relacionarse con los demás personajes(26).



Otros aportes del análisis transaccional



Si el diseño de los guiones de vida constituye un instrumento de construcción a nivel macroscópico, hay otras dos herramientas del análisis transaccional que pueden funcionar con eficacia para el estudio microscópico de la acción, entendiendo por tal, a aquel que se sitúa en el nivel de las modificaciones del personaje en cada escena. Estas herramientas son el triángulo dramático de karpman y el miniguión. Karpman, discípulo de Berne, ha sintetizado en tres papeles básicos las posiciones que adoptan los individuos en sus interacciones "dramáticas". Cita James y Jongeward:



En el análisis de un drama solamente se necesitan tres papeles para representar los reveses emocionales que constituyen el drama. Estos papeles activos ... son el de Perseguidor, el de Salvador y el de víctima (o P, S y V en el diagrama). El drama comienza cuando estos papeles son establecidos o cuando los espectadores los prevén. No hay drama a menos que no haya cambio de papeles... El drama es comparable a los juegos transaccionales, pero el drama cuanta con mayor número de sucesos, un mayor número de cambio de papeles por suceso y una sola persona representa a menudo dos o tres papeles al mismo tiempo.









Cada posición del triángulo se vincula con el guión de vida en la medida en que cada individuo ocupa una posición preferencial durante el transcurso de su existencia: un individuo es fundamentalmente víctima, aun cuando en sus interacciones (necesariamente) adopte los papeles(27) complementarios de salvador y perseguidor. En este sentido, la posición preferente del personaje en el triángulo es uno de los datos que se requieren para configurar su respectivos guiones de vida. Sin embargo, es a nivel de lo que hemos denominado la interacción microscópica donde el uso del modelo cobra la mayor importancia: el cambio de posición en el triángulo de Karpman garantiza el predominio del cambio de situaciones(28).



Algunas variantes del triángulo de Karpman pueden ser considerados, ya sea dentro del análisis transaccional o en modelos que por lo menos tienen en común con éste la preocupación por definir las relaciones interpersonales en términos de posiciones vacías capaces de ser ocupadas por el mismo personaje individual. Uno de ellos, el miniguión, , creado por Taibi Kahler, reduce la dinámica de la conducta (conflictiva) personal a cinco mandatos (sé perfecto, date prisa, compláceme, trata más, y sé fuerte), mandatos que, por una parte, se manifiestan conjuntamente con una esterotipia verbal, gestual, postural, etc. y, por otra, condicionan la conducta a una secuencia de estados relativamente previsible, la cual constituye, precisamente, el miniguión. De nuevo, estamos ante itinerarios conductuales altamente reconocibles, que orientan unos atributos psicológicos y una conducta posibles. M. Poblete presenta otro modelo creado por K. Mellor y E. Schiff en 1975 para el estudio de los "mecanismos que utiliza la gente para mantener y confirmar sus puntos de vista acerca de sí misma, de los otros y del mundo", mecanismos a los cuales denomina papeles definitorios. El mencionado modelo no hace más que contrastar las posiciones predominantes en el nivel social (N.S.) con las posiciones que adopta el individuo a nivel psicológico (N.P.). Logra así la caracterización de seis posiciones, cuyas etiquetas son: trabajador duro (N.S.: salvador, N.P.: víctima o perseguidor; cuidador (N.S.: salvador; N.P.: perseguidor o víctima; virtuoso enojado (N.S.: perseguidor; N.P.: víctima); virtuoso desdichado (N.S.: víctima; N.P.: perseguidor); malhechor enojado (N.S.: víctima; N.P.: perseguidor); malhechor desdichado (N.s.: perseguidor; N.P.: víctima). En resumen:







La virtud del modelo es que contrasta el lugar que el individuo ocupa socialmente (en el "exterior"), con el lugar que psicológicamente quiere ocupar (en su "interior") y, por tanto, facilita el diseño multidimensional del personaje. Tomemos por ejemplo un Kane- malhechor desdichado por excelencia- para quien la posesión de un poder social ilimitado se opone la carencia de ese mismo poder en el nivel psicológico (en particular, el de sentirse amado). El genio de Welles sintetiza en dos objetos la tragedia de esta disociación: Xanadu, el castillo del Kane omnipotente y multimillonario; Rosebud, el trineo del muchacho trágicamente arrancado a su niñez. El denominador común en los ejemplos estudiados lo constituye la modelización del sujeto -por parte del análisis transaccional- como un ente capaz de ocupar, en cada momento, alguna de las posiciones vacías que constituyen su estructura. Por esta razón, no será posible citar tales modelos sin considerar aunque sea brevemente la muy conocida estructura de los estados del yo propia del AT. Para James y Jongeward:



Cada persona tiene tres estados del yo que son fuentes separadas y diferentes de conducta: el estado Padre del Yo, el estado Adulto del Yo y el estado niño del Yo.



Harris agrega:

Estos estados del ser no son papeles sino realidades psicológicas... El estado es producido por la reproducción de datos registrados de acontecimientos del pasado, que se refieren a personas reales, tiempos reales, decisiones reales y sentimiento no menos reales.

Cada individuo, entonces, refiere su conducta a una de estas tres posiciones: Padre - Adulto - Niño, desde las cuales ejerce interacciones típicas. Berne ha dedicado su esfuerzo al estudio de los conjuntos de posibles interacciones (o intercambios de caricias) que se prolongan en forma de Juegos Psicológicos y que conforman buena parte del objeto de estudio del AT. Las transacciones o conciliaciones constituyen la unidad básica de este intercambio y se ejercen entre un estado del yo de un individuo y un estado del yo de otro individuo. Para el dramaturgo son de particular importancia las transacciones conflictivas: las llamadas transacciones cruzadas y sobre todo, las transacciones ulteriores. Las primeras se refieren a un error (psicológico) de lectura (Por ejemplo, un esposo solicita -adultamente - un cierto favor de su mujer; la mujer responde desde su estado Niño, defendiéndose de lo que percibe como una exigencia paterna). Las transacciones ulteriores encarnan acciones de "doble sentido" (en particular parlamentos y diálogos) que ponen en actividad simultáneamente dos estados del yo (por ejemplo, el Adulto, que se dirige al Adulto, y el Niño que al mismo tiempo se dirige al Niño) y están presentes en cualquier comunicación con "espesor" dramático, es decir, en la que se eluda la explicitud y la obviedad. (Un ejemplo típico lo proporciona la seducción: caso del personaje Sergio del film Memorias del Subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, quien seduce al personaje de Elena a través del ofrecimiento, falsamente adulto, de unas prendas de vestir). En síntesis, podríamos decir que la consideración del análisis de las transacciones puede orientar al escritor en relación con el sentido del intercambio entre dos personajes: cada personaje buscará cierto tipo de caricias (por ejemplo, de Padre a niño) y querrá, "inconscientemente" culminar un cierto juego (por ejemplo "Patéame"(29)). Por otro lado, la bidireccionalidad presente en las transacciones ul- teriores, remite a una suerte de regla que regula las interacciones dramáticas: la del ocultamiento de las verdaderas intenciones del personaje(30). En tal sentido, las transacciones ulteriores, serán de preferencia en el catálogo del dramaturgo(31).







Así como la aproximación transaccional arroja luz sobre la dinámica de las interacciones entre personajes, otros modelos, al aproximarse al estudio de la comunicación interpersonal, introducen variantes dignas de mención. Es por ejemplo el caso de Virginia Satir quien al estudiar sus modelos de comunicación, introduce cuatro posiciones comunicativas que son típicas en situaciones de baja estima: el aplacador, el acusador, el superrazonable, y el irrelevante. Las cuatro posiciones, que corresponderían a modos de gestión con los que un personaje se hace cargo de la carencia de un poder-hacer psicológico, están tipificadas tanto en el ámbito de su estereotipia corporal (lo que el cuerpo dice (32)) como a nivel del discurso interior del individuo (lo que éste siente cuando actúa así). El primer aspecto posibilita la configuración de una imagen mental de la conducta externa del personaje, el segundo facilita al escritor un conocimiento del discurso interno del personaje, actúa en favor de un desdoblamiento que es indispensable para la escritura de los parlamentos y la descripción de las acciones de cada personaje(33).



Este último aspecto de la "interioridad" del personaje remite en particular a la problemática de la percepción interpersonal tal y como la estudia Laing. Para este psiquiatra inglés, el estudio de la conducta entre dos individuos remite al análisis de las fantasías que cada uno de ellos configura con relación al otro y a las fantasías que hace (parcialmente debido a su experiencia) sobre estas mismas fantasías. Cada par o díada constituye así una "espiral de perspectivas recíprocas" que condiciona la conducta interpersonal:

Los seres humanos piensan constantemente en los otros y en lo que los otros piensan acerca de ellos, y en lo que los otros piensan que ellos piensan acerca de los otros, etc. Podemos preguntarnos qué sucede en el interior del otro. Deseamos o tememos que otras personas sepan qué ocurre en nuestro propio interior.

Laing formula una sencilla notación que da cuenta de estos niveles de perspectiva: si "p" designa a un sujeto dado, "o", designa al otro sujeto en la díada y "x ---> y" representa el "modo como x ve a y", entonces una expresión como:



p --> ( o --> (p -- >p))



representa "la idea de "p" de la idea de "o" de lo que "p" piensa de sí mismo. (La perspectiva de una perspectiva es llamada por Laing una metaperspectiva). La comparación entre las diferentes perspectivas para medir su similitud o diferencia (y con ellos "objetivar" las distintas fantasías de quienes conforman la díada), arroja alguna luz hacia lo que podría designarse con el término de "nivel de la perspectiva de un personaje en relación al otro personaje". En la medida que la acción de un personaje revela una metaperspectiva objetiva y más general que la perspectiva del personaje con el que interactúa, se revela también una ventaja estratégica de ese personaje. Dicho en otros términos, el objetivar metaperspectivas constituye una competencia (saber-hacer, poder-hacer) en relación a las interacciones con los demás personajes. El análisis somero de la escena de clímax del film El Ciudadano Kane (Orson Welles, 1962), aquella en que la revelación de sus amores prohibidos con la cantante Susan Alexander da al traste con su carrera política, serviría para dar ejemplo de las anteriores consideraciones ("p" designará a Kane, "q" a Susan Alexander, "r" al inescrupuloso Paul Gettys) Kane se revela como un personaje que actúa a partir de la idea, poco objetiva, que tiene de sí mismo y del mundo, de donde:



p ---> p ; p ---> q ; p ---> r



Susan, situada en una metaperspectiva que se ocupa de la visión que los demás tienen de ella (y que es idéntica a la perspectiva que ella tiene de sí misma), es poseedora de una mayor competencia, la cual, de hecho, utiliza en su manipulación de Kane. Luego:



q ----> (p ----> q) = (q ---> q)



Gettys, por último, personaje ganador de la contienda, posee una rica metaperspectiva desde la cual ubica a los personajes en relación a su visión de ellos mismos y a la visión que cada uno de ellos tiene de él como persona. De allí obtiene su ventaja al manipular a los demás. Representamos sus metaperspectivas así:



r----> (p---->p) ; r---->(q ----> q)



Y además:



r----> (p---->r) ; r---->(q ----> r)



La consideración de las perspectivas puede constituir un recurso constructivo que permite diferenciar las competencias de los personajes en relación con sus posibilidades de manipulación, que explícita el contraste entre los diferentes personajes en términos de esta capacidad y que proporciona una cierta medida de la "interioridad" de cada uno de ellos en términos de su "capacidad" de estar "alerta" con relación a los demás personajes(34).



Mencionaremos los trabajos de otros autores que construyen modelos del funcionamiento psicológico individual y que en algo tocan las situaciones recientemente discutidas. Gear y Liendo, en un primer modelo del sujeto psicológico describe la psiquis conflictiva como constituida por una estructura binaria de dos posiciones vacías complementarias ocupadas alternativamente por el sujeto (culpador-culpado y culpado-culpador; abandonador-abandonado y abandonado-abandonador; atormentador- atormentado y atormentado-atormentador, etc.). El conocimiento de tal estructura proporciona la posibilidad de la construcción de un itinerario para el personaje que se debatirá en un conflicto signado por esos dos polos y que los ocupará alternativamente en su desarrollo. Posteriormente, Liendo se ocupará de una modelización, ya no puramente semiótica sino también cibernética, en la que el sujeto conflictivo aparece caracterizado por una serie de respuestas estereotipadas que ponen en juego al propio sujeto (ego) y a otro sujeto capaz de "tener con éste relaciones pertinentes al conflicto" (alter). El énfasis del modelo está en el desfase entre lo que el ego dice hacer y lo que hace en cada interacción, así como lo que el ego hace hacer y hace decir que hace en el ego. A pesar de que el estudio de tales estereotipos tienen interés clínico, constituye claramente otro modelo de conductas posibles que acotan las acciones de un personaje de acuerdo a una conflictiva escogida por el escritor. Por último, caben ser destacados tanto los trabajos previos de Lieberman acerca del "estilo en las diferentes clases de pacientes" que sistematizan ciertas pautas lingüísticas y comunicacionales para determinados tipos psicológicos (habla así de "pacientes con estilo narrativo", "pacientes con estilo lírico", "pacientes con estilo dramático y suspenso", etc.), como los realizados por Lieberman y Maldavsky, próximos a los de Liendo aunque con diferente sentido, en los que el famoso cuadrado semiótico de Greimas es utilizado para categorizar las "dimensiones semánticas personales" en el aspecto emocional y conativo(35). Esto modelos, como todos los anteriores estudiados, podrían servir de marcos formales, continentes y no restrictivos, para la estructuración del carácter del personaje.